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El “Pinturicchio” de Turín



Es natural que los niños, crezcan, jueguen, se diviertan e imiten, intenten ser ese goleador que admiran y ven por la tele. Siempre quieren ser el que hace goles, jugar cerca del arco. Y todo eso, sumado a la noción del marketing, que busca poner en tapa a los goleadores, hace que por momentos pasen desapercibidos enormes jugadores que han pasado por ejemplo en el fútbol italiano. Recordarán al inigualable Franco Baresi, como también al padre e hijo, Cesare Maldini y Paolo Maldini, ambos defensores, Nesta otro gran zaguero central, todos ellos de pasado en el Milan. Al eterno Dino Zoff, el incansable arquero de la Juventus y del Napoli, el portero más longevo en ganar un mundial, allá por España 82, con 40 años. Y si del arco hablamos, por supuesto, Buffon, mítico guardián de los tres palos de la Juventus, que con 42 años aún sigue en actividad, y va por un nuevo record: disputar su sexto mundial en Qatar 2022. Ciro Ferrara, aquel brillante defensa que jugó en el Napoli con Maradona. Fabio Cannavaro, defensor que en 2006 fue campeón del Mundo y balón de oro. Y un sin fin de casos, que suelen estar a la sombra de los ídolos de los chicos, que como decíamos, crecen soñando con ser el jugador que festeja goles, o que usa la camiseta número 9 o 10. En este programa, en sus comienzos, hemos contado la historia de Francesco Totti, hijo pródigo de la Roma. Hoy vamos a ir con el otro, que es como hacer las veces de papá y mamá, junto con el 10 romano. No podés elegir a uno de los dos porque son superlativos, y ambos supieron ganarse la mayor idolatría de este nuevo milenio. Son las dos figuras preponderantes en Italia de los 2000 para acá. Así como en Argentina decimos Riquelme y Aimar, uno el niño mimado de Maradona hasta que se pelearon, el otro el ídolo de Messi. En Italia decimos Totti y Del Piero.

Y claro Del Piero es sinónimo de Juventus, un romance que se mantuvo al cabo de 19 temporadas, desde el 1993 al 2012, y como fruto 15 títulos, entre ellos 6 ligas italianas, 1 Champions League y 1 copa intercontinental. Casi 300 goles, 297, en 705 partidos jugados. Como toda historia de amor, tuvo su desencuentro, allá por el 2006, cuando a raíz de un hecho bochornoso de corrupción, en el cual se vio involucrado el conjunto “Bianconero”, por presuntos arreglos de partidos, le costó la pérdida de categoría a la Serie B. Aquel episodio conocido como “Calciopoli”, de escándalo deportivo por influencia en el arbitraje, también determinó la nulidad de 2 títulos, que la “Vecchia signora” había conseguido en las temporadas 2004/2005 y 2005/2006. Como si fuera poco, además, comenzaría el campeonato de segunda división, con la quita de 9 puntos. Una sanción ejemplificadora y demoledora. No suficiente para abatir el espíritu de este emblema y talentoso jugador, que a pesar de las contingencias y dificultades, eligió quedarse en el club para lograr el ascenso, y devolver al equipo al sitio que siempre perteneció. Logrando así, en sólo 1 año, el regreso a la Serie A, cumpliendo con el tan anhelado objetivo, que lo convirtió en ídolo definitivo. “Fue una decisión espontánea. Era un momento de gran dificultad para un equipo que me lo había dado todo, del que era aficionado y capitán. Me parecía algo natural. Cuando el presidente me preguntó qué pensaba hacer, yo le dije: ‘aquí estoy’. Ayudé al equipo a resurgir. Después de tantos años es lógico que se produzca esta conexión fortísima con la gente”, dice Alessandro. “Por qué no me fui de la Juventus cuando bajó a la Serie B?. Un caballero nunca abandona a su señora”, remató. “inturicchio”, como le decían en forma de elogio por su condición de pintor, de entregar retazos sensacionales de buen fútbol en cada partido, fue una pieza clave para la selección italiana en la consagración del Mundial de Alemania 2006. Se recuerda su gol en semifinales, para estampar el 2 a 0 definitivo frente a los alemanes, con el que Italia se metería en una nueva final del mundo. En la cual debió enfrentar a Francia, a quien derrotó en la tanda de penales, con Del Piero convirtiendo uno de ellos, valiéndole una nueva Copa del Mundo para Italia. Logro máximo en la trayectoria del nacido en Véneto.



En aquella final, dirigida por el árbitro argentino Horacio Elizondo, se recuerda la expulsión al histórico Zidane, por un cabezazo en un momento de furia. El francés, amigo y compañero del italiano durante 5 años en la Juventus, considera que: “Del Piero es un jugador excepcional”, y confiesa que: “fue un honor haber jugado a su lado”. A diferencia de Totti que atravesó su vida futbolística enteramente en la loba romana, el ídolo de la Juventus no se desempeñó a lo largo de toda su carrera únicamente en el club de la capital de la región del Piamonte. Comenzó jugando para el Calcio Padova, 2 años permaneció hasta ser comprado por la “Juve”. Y en el 2012, decidió emigrar, al igual que lo hacen muchos futbolistas para lograr una diferencia económica final, en el último tramo que les queda previo al retiro. Algo que supo hacer por ejemplo Gabriel Omar Batistuta, yendo su último año y medio a Catar, o el “Pájaro” Caniggia a Escocia, Mascherano a China, el mismo Iniesta a Japón. En este caso Alessandro, “Pinturicchio”, optó primero por una experiencia en Australia, jugando 2 años para el Sydney Football Club, hasta que finalmente colgó sus botines en el año 2014, tras 6 meses en el fútbol de India.

El capitán y número 10 de la “Juve”, era un titiritero, equilibrista, fantasista, mago, mueve hilos. Lo único que Del Piero sabía proponer era calidad en cada toque, maestría en cada intervención, espectacularidad, pinceladas en una baldosa. De un virtuosismo exquisito, irrepetible. Salía vestido a la cancha de blanco y negro, con los colores de su querida Juventus, y dentro del campo de juego, no es casualidad, lo esperaba su “Vecchia signora”, también vestida como él: “Bianconera”, la pelota deseaba y extraña sus caricias de pintor. El “Pinturicchio” de Turín. En la actualidad, y a causa del coronavirus, se conoció la noticia que un médico en Reggio Emilia, utiliza una bata con la inscripción del nombre y número del futbolista, en su honor, por considerarlo un ejemplo de superación y éxito.


by Franco Lucca

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