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El inmigrante italiano by Franco Lucca.


El Adriático y la patria se esfumaban entre la marea alta.

Arañaban el corazón aún esas últimas caricias, que serían las heridas de la más atroz guerra.

Vencer la lejanía sería una osadía, en este adiós tirano perdido en combate.

Buscar alguna verdad del otro lado del mundo, motivos, razones, amores, algo que ayude a anclarse.

De este despojo tan absurdo, que no mancha el olvido, ni maquilla un hasta luego.

Escaparse de casa para hacer la América, no sonaría una mala idea, a oídos de piratas y forasteros.

Pero aquellos barcos, iban cargados de familias y perros, que ladraban suspiros melancólicos en noches de hielo.

Y la pasta, y la mama, y la tierra lejana, con la luna infinita brillando entre esas callecitas, con ese encanto europeo, tan latino y tan añejo.

Cómo haré Bella Italia, para no llevarte en la entraña de mis recuerdos, si estás en cada canción, en cada poema, en cada verso.

Cuentan algunos abuelos de las bajas barriadas rosarinas, que ciertas noches supo verse a extranjeros, asomados a la vera del Paraná viejo, en busca de algún gondolieri perdido, navegando los sauces del río.

También aseveran, que como estudiantes en celo, se los veía yirando con fulgor de esperanza, por los centros de manzana, detrás de una pizza tana, que sacie la sed paisana.

Ilusos habitantes de este nuevo suelo.

Amantes en huelga de celos.

Enamorados de ilusiones maltrechas, mal habidas y sucias en estas veredas.

Nunca pierdan la fe que los hizo soñar en grande, son el patrimonio que nos queda, su luz, su camino, y esta Italia en las venas.

Andan y pasean, por esta ciudad eterna, que los ve impávidos por ir tan engalanados. Si los ven de saco, a las 12 de la noche, fumando un toscano, con su sombrero italiano, sentados en un banquito a la orilla del río... No es que esperan un gondolieri, ni ver pasar a su nona, tampoco un viejo amigo.

Sólo es que tienen la sensación, que les rasguña el corazón, que del otro lado del océano, viene naufragando la sombra de una ragazza.

Porque así son ellos, nunca dan un amor por perdido. Es que es inevitable, no saben de perder guerras.

Llevan su ilusión, a todos los cielos.



by Franco Lucca




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