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Diego Simeone, un deseo italiano.





En España ha despertado a un gigante dormido, que tuvo que vérselas con pelear por no descender, apenas arribó allá por 2011 al Atlético de Madrid. Consiguió salir airoso, cosechando 7 títulos en sus casi 8 años de estadía en su casa española, la de los colores rojo y blanco. “Somos el equipo del pueblo”, dice el Cholo.


Entusiasta, motivador, detallista, obsesivo, ha marcado un estilo. Conformador de equipos sólidos, difíciles de superar, aguerridos, y de carácter batalladores, supo poner sobre la mesa de la discusión, asuntos como: es importante tener la posesión de la pelota? Es necesario adueñarse del control del balón? Hace falta jugar bien para conseguir la victoria? Hay que gustar futbolísticamente para quedarse con el triunfo? Jugar lindo y hacer méritos, aseguran obtener los tres puntos?. “Prefiero jugar bien, a jugar lindo”, sentencia. Defiende y argumenta con convencimiento sus ideas. “Los partidos no los ganan los que mejor juegan, sino los que están más convencidos de lo que hacen”. Con la misma convicción e intensidad que vive, que habla, que entrena. “Vamos como siempre, partido a partido, incluso minuto a minuto”. Pone en primer lugar la palabra equipo por delante de todo. “Veo mucho fútbol y leo sobre psicología, si armaste el grupo, el equipo aparece mucho más fácil”. Cree en los grupos, en la unión, en la fuerza colectiva, para derrotar genialidades, equipos fantásticos, de billeteras millonarias con individualidades estelares. “El presupuesto se termina cuando pita el árbitro, y ahí entran el corazón, la ilusión…el corazón iguala el presupuesto”. Y así lleva adelante un liderazgo, basado en consolidar las virtudes aunadas del grupo que comanda. Creyendo y confiando en potenciar las fortalezas, para maquillar las debilidades o las flaquezas que puedan significar no ser los mejores. “Si se cree y se trabaja, se puede”. No ser los mejores aparentemente, porque los hace sentir los más grandes, y los exprime al máximo a cada uno de sus dirigidos. “Estos chicos nacieron con unos huevos muy grandes, felicito a sus mamás”.


Lo que lo llevó a estar en boca de todos, y ser considerado como un DT de élite, pretendido por muchos clubes en Europa. A base de campeonatos, de triunfos históricos contra clubes top, de pelearle palmo a palmo a los fuertes europeos con recursos menores, y transformar en notables a jugadores por los que él apostó. De ese modo, se colocó en la cima del fútbol mundial. Pese al reconocimiento, Simeone no olvida a su querido “Atleti”: “De jugador no cambiaba la camiseta del Atleti, me tenían que dar dos, la mía valía más”.


Como jugador, además de su idolatrada trayectoria en Atlético Madrid, dejó su huella en su paso por la Liga italiana. Y es por eso que permanentemente se lo asocia tanto con la Lazio, como con el Inter de Milán, clubes en los que fue campeón. Triplete consiguió con Lazio en el año 2000, arrasando en el comienzo de siglo, con la obtención de la Serie A, la copa de Italia y la supercopa Italia. Mientras que en el Inter, se alzó con la Copa de la Uefa en 1998. Son instituciones que lo recuerdan con mucho cariño, y que lo esperan para calzarse el buzo de DT. El estratega manifestó en varias ocasiones, que en algún momento de la carrera, su destino y el de los conjuntos italianos se cruzarán. Que aceptará ese reto porque es lo que lo mantiene vivo, alimentar sueños y nuevas metas. “Si veo barro, me tiro de cabeza, me gustan los desafíos en el mundo del fútbol”.

El Cholo es una persona que tiene devoción por los suyos, con la misma fidelidad que el apasionamiento por sus creencias. Lo que hace pensar que es difícil que pueda desprenderse de su amado Atlético Madrid, al menos en los próximos años. Cuando mantiene intactas sus ilusiones por alcanzar la tan anhelada orejona para el conjunto colchonero. Liga de Campeones de la Uefa que se le ha negado en dos oportunidades, en manos del poderoso Real Madrid. En ambas finales, estuvo muy cerca de poder quedarse con la Champions, y no pudo ser. Es el gran desafío que tiene por delante el Cholo. “En el fútbol como en la vida, no hay revanchas, hay nuevas oportunidades”, declara con sabiduría.


Diego Pablo es un hombre de fe, que descree de lo imposible, y se ve atraído por las causas perdidas. Porque nunca nada da por perdido, y no concibe que existan inconseguibles. “Cuando se presentan dificultades me siento mucho más presente, mucho más en mi hábitat, posiblemente porque nací con esas situaciones y los desafíos me encantan”. Su inspiración preferida es la entrega y el trabajo, brindar pasión a cada instante. “Es fundamental la pertenencia, sentirse involucrado, que se entreguen a pleno por el proyecto”. Comprometerse con cada cosa que realiza. Que nadie le cuente su historia ni la del mundo, él lucha por construirla. “El esfuerzo no se negocia, ni tolero el conformismo, la pasividad está alejada de mí…el esfuerzo es la magia que transforma los sueños en realidad”.


By Franco Lucca

francolucca@hotmail.com



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